Un recorrido claro por las etapas de traducción y verificación documental: qué recibimos, qué cotejamos, cuánto tarda cada paso y qué necesitamos de su parte antes de devolver el contrato listo para firmar.
Cada expediente que entra al estudio sigue una secuencia fija. No es una formalidad: los plazos de aduana y las cartas de crédito no perdonan saltos. Aquí está el recorrido real, con lo que ocurre en cada tramo y qué necesitamos de su parte para no frenar el proceso.
Usted envía la proforma, el packing list o el contrato en su idioma original. Revisamos formato, legibilidad y si el documento viene escaneado o editable. Si falta alguna página o el sello no se lee, lo avisamos el mismo día antes de abrir el expediente.
Antes de traducir, armamos un glosario con los términos recurrentes de su rubro: unidades de medida, códigos arancelarios, nombres de materiales. Ese glosario queda fijo para todas las partidas del mismo proveedor y evita que una palabra cambie de sentido entre documentos.
El texto se traduce respetando la estructura del original: numeración de cláusulas, tablas de cantidades, incoterms. No reescribimos para que suene mejor en español. Si una frase china es ambigua, la señalamos en una nota aparte en lugar de resolverla por cuenta propia.
Comparamos la traducción contra la orden de compra y contra los datos bancarios del proveedor. Aquí aparecen la mayoría de las discrepancias: pesos brutos que no coinciden, plazos de entrega distintos, cuentas de destino cambiadas. Se documenta cada hallazgo por escrito.
Recibe el archivo final con la versión original adjunta y las observaciones marcadas. Quedan dos semanas para consultas puntuales sobre el mismo expediente, sin costo adicional. Pasado ese plazo, cualquier ajuste se trata como un encargo nuevo.